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La importancia de expresar, mas que de impresionar

La primera cita puede ser una experiencia fascinante pero no exenta de múltiples exigencias que nos auto imponemos. ¿Te acuerdas por ejemplo de tu preocupación por verte bien? De ser [email protected], sonriente, [email protected], popular, [email protected], [email protected] al plantear una idea y que por supuesto no se te saliera ningún garabato. ¿Te acuerdas cómo gran parte de tu concentración se dirigió a querer mostrar lo mejor de ti en ese momento?

En los primeros encuentros la mayoría de nosotros nos preparamos para tratar de impresionar con nuestro mejor “look”, ¿Te has preguntado por qué en las primeras citas tendemos a querer impresionar al otro mostrando sólo una parte de nosotros mismos? ¿Qué hace que nos preocupemos tanto de mostrar al principio nuestro lado luminoso en vez de expresarnos como realmente somos? ¿Será que no tenemos el coraje de revelar nuestros puntos débiles y nuestros defectos? ¿Por qué? ¿Queremos ser falsos y andar por el mundo queriendo engañar a los demás?.

La razón por la que solemos hacer esto es por miedo, porque tenemos la sensación que si le mostramos al otro lo mejor de nosotros, nos veremos cómo alguien atractivo, interesante y como posible candidato para comenzar una relación. De lo contrario, el otro nos podría rechazar o abandonar. En ese sentido, cuando aún no tenemos la confianza necesaria para expresar como realmente somos, es válido que tendamos a querer impresionar. Pero… ¿hasta qué límite?.

Te has preguntado ¿cuál es el mejor momento para expresar además de impresionar? ¿Sentiste en algún momento que la relación se fortaleció y que tuviste la confianza de comenzar a expresar lo que te molesta, duele o inquieta?

¿Recuerdas qué pasó después? ¿Comenzaste a tener roces o discusiones con tu pareja acerca de lo “distintos” que comenzaron a ser al pasar el tiempo? ¿Reconoces algunas de estas frases?:

“Al principio eras un amor, ahora pareces una bruja”,

“Solías ser un galán y te preocupabas de mí en todo momento… ahora ni me llamas ni me mandas mensajes”

Cuando partimos una relación, generalmente tendemos a querer impresionar y eso es normal. El peligro está en que si ese impresionar se establece como patrón de conducta en nuestra dinámica de relación, a largo plazo podríamos comenzar a generar una gran distancia con el otro. La clave está en aprender a expresarnos con naturalidad.

Expresar nuestras emociones (rabia, pena, miedo) no es algo fácil, sin embargo fortalece tremendamente la comunicación con el otro. Aprender a manifestar lo que realmente sentimos y pensamos permite ir enfrentando roces y conflictos de una manera más clara y natural. Anímate por ejemplo a poder decir:

“No es fácil decirte esto… pero estoy sintiendo mucha pena cuando no sé nada de ti durante el día y espero ese llamado o mensaje que tanto me gustaba recibir cuando nos conocimos”

o

“No sé cómo decírtelo, pero me afecta mucho cuando me hablas con ese tono irónico…”

De lo contrario, nuestra pareja comenzará a crear falsas expectativas de nosotros y se podrían generar discordancias y diálogos poco claros al momento de tratar de solucionar problemas o dificultades:

“… ¡Pero qué me estás diciendo! Yo pensaba que sabías que pienso en ti todo el tiempo y que no es necesario llamarte”

“La verdad es que no te entiendo… Mi tono irónico lo he ocupado desde el principio de nuestra relación y ¡nunca me dijiste nada!”

Así mismo, si no expresamos lo que estamos pensando y sintiendo nuestra pareja o nosotros mismos podríamos comenzar a interpretar erróneamente el comportamiento del otro, lo cual incluso podría provocar un quiebre en la relación:

“No sabía que te sentías así… yo pensaba que no me querías como antes y ya me estaba empezando a distanciar de ti sin darme cuenta”

Por esta razón, es tremendamente importante agradecer la apertura del otro, con el fin de reforzar que se atreva a decir lo que realmente siente. Así también podemos dejar abierta la posibilidad de generar otras instancias para expresar:

“Te agradezco un montón que me cuentes lo que te pasa…estaré más atento/a de ahora en adelante para mejorar lo que no estoy haciendo bien para ti y para nuestra relación…Me gustaría mucho que me vuelvas a contar lo que te pasa si no te estás sintiendo bien…”

Expresar la alegría que sentimos hacia nuestra pareja y nuestra relación es igual de relevante. Esto permite que el otro se de cuenta que valoramos lo que hace y que sus gestos son como una inyección de energía y felicidad en la relación. Atrévete a ponerlo en práctica:

“¡Me encantó tu mensaje…!”

“¡Me siento tan feliz cuando me hablas así!”

Por lo tanto, cuando conozcas a alguien que te gusta, anímate a expresar luego de impresionar, atrévete de ahora en adelante, es una de las maneras que tu pareja te vaya conociendo, de tú sentirte más en confianza y saber si son realmente el uno para el otro.

“El matrimonio es una barca que lleva a dos personas en un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hunde”
Tolstoi